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Se trata de una doble pregunta -o afirmación-, bastante frecuente, que parte de unos prejuicios e ideas preconcebidas en torno a la vejez y a la persona mayor.
Ninguno de los dos asertos se ajusta demasiado a la realidad.
Las personas mayores se mueren como nos morimos todos, pero existen posibilidades de curación en la mayor parte de los casos de enfermedades agudas, un amplio margen para los cuidados de todo tipo en las crónicas y enormes posibilidades de alivio ante cualquier situación de estos pacientes.
Todo ello en una medida similar si no mayor a la que uno puede encontrar en otros campos de la medicina.
Por otra parte estamos ante un colectivo que tradicionalmente ha sido muy poco atendido –ha sido y es discriminado también en la práctica médica- por lo que cuando se le presta atención las muestras de reconocimiento suelen ser mayores.
En este sentido nos encontramos ante una especialidad que proporciona grandes satisfacciones morales.
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